Como dijo el abuelo Groucho: "Partiendo de la nada llegaremos a las más altas cimas de la miseria". También recogido por el general Custer: "De victoria en victoria hasta la derrota final"







miércoles, 30 de octubre de 2019

CACHINOS DE MINA: ANTÓN


ANTON

(esta crónica va dedicada a mi compañera la doctora en Filología dña. Lioba Simón)

 Yo sabía que Villa era confidente de Claudio Ramos, yo tengo chivatazos de puñu y letra de él, mira el libru de Gómez- Fouz, pero cómo lo demuestres. Y yo tengo cinco libros escritos, y nadie me denunció hasta ahora, nadie me pudo decir esto que escribiste ye mentira... Una vez llámame Ruiz de la Peña, son varios hermanos, que esti era catedráticu, ¡Ignacio, Ignacio era…!  y dizme… presenté “El secuestro del socialismo en Oviedo”, en el auditorio… Y al día siguiente tengo una llamada, oiga mire, soy fulanu de tal; primero le felicito. Y después, ¿nadie le dijo nada de lo que está escrito en el libro? Con que me dice, tengo una carta escrita que le voy a leer. De usted, nunca nos habíamos visto… Son dos líneas de una carta que había escrito a “La Nueva España”, y dice así, “si el señor Alvarez Areces no me lleva a los tribunales, no puede estar más de diez segundos en el Principado  de presidente”. No y la publicaron…  Y eso pasome con el primer libru. 



La famosa frase de Villa ‘tà en el periódicu. Y nosotros, la Federación Estatal de Mineros,  en el ’83 ya tuvimos la primera reunión con Felipe, y nosotros queríamos una política minera pa la definición de una política minera: transformación del sector, recursos mineros, maquinaria, que no íbamos a estar siempre sacando carbón a martillu, investigación, etc… Y la cosa iba bien, y era ministro de Industria Carlos Solchaga, y en un momento dao diz-nos, os pongo aquí Hunosa con catorce mil quinientos mineros  y seiscientos mil millones de pesetes; Trescientos mil pa Mieres y otro tanto pa Langreo. Y dije yo, dónde hay que firmar, una base cojonuda. Y Villa no participaba en les reuniones, estaba en la ejecutiva federal; y hay un mitin en Tuilla y diz, “antes de que cierren un solu pozu hay que pasar por encima de mi cadáver”.  Y está publicao, yo no me puedo equivocar en una coma. Y vamos a la próxima reunión con Solchaga y dijo, “No me toques los cojones, la mina más rentable ye la que ‘tá cerrada”; y hice-y asi, escapóseme la mano sin querer, di-y en la mano, “calla la boca, payaso”, cagondios la que se armó. Y ahí empezó la historia…  

Y yo háblote de lo que quieras, por ejemplo Hunosa, a pecho descubierto, doy-te la documentación que quieras. A la hora de hablar de Hunosa hay que dase cuenta de que estamos en una región de la vieja industrialización del carbón y del acero, y aquí al estar el carbón vino el acero, Fábrica de Mieres, Duro Felguera… Un emporio; claro, también un monocultivo.  Al ver a Ramón Menéndez el otru día, Sama era Oviedo hoy, veníes desde Lada a comprar la ropa, era acojonante.  El yacimientu ya estaba; en torno a ello se fue formando el poblado, y eso era fundamental pa sacar el pueblu pa arriba, y luego les pequeñes fabriques, viviendes, barriaes pa los obreros… Qué ocurre, una cosa muy sencilla,  al ser una zona de monocultivo la gente pensó que esto iba a durar siempre, y la gente no se dio cuenta de que no había un tejido alternativo; y entós los grandes centros financieros dicen, “esto ya no ye rentable”, y optaron por la energía nuclear, el carbón de importación, petróleo, gas…  y ahí te queda el recao.

Ahora, preguntesme tu, pa qué se creó Hunosa; entonces la burguesía… que por cierto, en Asturias no hay burguesía, la vasca, la catalana, la madrileña… Tú mira la minería, Lieres, Solvay, belga; La Nueva, franceses…  Son clanes familiares, mira Kindelán, director general de minería con el PSOE, son de los sotélidos y los bustélidos. ¿Quién son esos? Pues son unos señores que se reúnen en Ribadeo, son gente que teníen parientes con la UCD, con el PSOE… Y Kindelán casose con Carlota Bustelo, directora general de la mujer. Y son siempre los mismos… Los clanes funcionen, otru Bustelo fue inistro de Industria con Adolfo Suárez; y luego Paco Bustelo, senador del PSOE. Esti aquí, esti aquí, esti pa el otru lao… Ponen güevos en toes les cestes. Y Calvo Sotelo, el que fue presidente de gobierno en otra empresa-estao,  Riotinto. 

Y en un momento dao dicen, mira, tan rentable que fue la minería, y dicen que Franco nacionalizó la minería, mentira; lo que se hizo en Hunosa fue socializar les pérdides y privatizar les ganancias. Hunosa fue el güesu del jamón. Y qué ocurre, que dicen, coño, socializar pérdides, meca, esto ye cojonudo. Y a lo mejor estábamos trabajando y esti mes no había pa pagar, en el ’70 no había pa pagar les nómines; y el INI no mandaba el dinero y no cobrábamos, y entonces qué haz Hunosa que ya está socializá: ir a un banco y pedíen un crédito al veintidós, veintitrés por ciento, créditos puente que lo llamaben…  ¿Cuánto podía ser eso de beneficiu pa la banca? En qué más se privatizaba Hunosa; tu aquí teníes carpinteros, electricistas… y necesitabes… motores, qué sé yo… Y no se hacíen aquí, hacíense en Madrid en la fábrica del amiguete…  Necesitabes vagones… no, no vale que se hagan aquí. Era otra manera de privatizar.  

Ojo, la minería es toda rentable. El carbón de Hunosa ¿pa donde iba? Pa la térmica el cien por cien, digotelo yo. El carbón de Hunosa ye coquizable en un ochenta por ciento, y el resto ye propicio pa hacer pasta de coque. Ahí ye donde está el valor añadido. ¿Cómo puedes coger el carbón y metelo en la térmica a quemar? Pero coges el carbón y dices, “el carbón no ye rentable”, pero véndeslo a la térmica; Y les térmiques eren publiques o privaes, pero luego fueron privatizándose. Y lo que pierdo en la extracción lo gano en la transformación del producto. A ver, tú puedes tener la mejor mina de oro del mundo, pero tienes que transformalo. Pa que lo entiendas mejor, mira, España ye el país de la Comunidad Europea más ricu en minería metálica: Plomo, cobre, estaño, zinc,mercurio… ¿Qué ocurrió con España? Nunca fuimos capaces de hacer ni unes alicates. Teníamos todos los metales pero no teníamos la transformación. Y con el carbón, lo mismo. Y resulta que éstos ¡tienen beneficios!: les térmiques, les coqueríes… Entonces nacionalicemos too el sector, pérdides y ganancies. Les consecuencies están ahí, mira, yo di una charla en [la sociedad] “La Montera” en el ’83 y la gente decíame, tu yes la ostia; y está todo escrito, que yo entonces decía, va a bajar el río limpiu, pero ya verás a qué preciu. Y por cierto, organizaron-lo los comerciantes, y decíenme, esti chaval ‘tá locu, y hoy ye qué razón teníes; Y eso hay que defendelo con argumentos, yo explicaba-yos que cada empleo mineru daba tantos empleos pa panaderíes, pa merceríes… Y está too publicao, cabeceres de “La Nueva España”…  Y no te estoy vacilando, esto ya lo veía venir yo. 

Y dentro de lo mismo, sin perder el hilo,  Felipe González entró en octubre del ’82, y en el añu ’83, el 16 de febrero, reúne a catorce directores de periódicos, entre ellos Jácome de “La Voz de Asturias”, en una cena en la Moncloa, y dice, “Asturias tiene que cambiar de civilización, en diecisiete años no hay minería”. Y el PSOE empezó a cerrar la minería, y el PP siguió la misma política. ¡La misma! Con la colaboración ¿de quién? De los sindicatos. Y hubo que poner gente que se prestara a ello: Villa, miembro de la ejecutiva del PSOE, senador y too lo que quisiera. Villa mandaba más que el presidente de Hunosa. Y Comisiones montó en el carro, hicieron exactamente lo mismo. ¿Cuál era el asuntu? Cerrar Hunosa. Y ahora voy a lo siguiente. Yo antes sabía que había esa operación, pero no tenía los documentos. Y ahora me da los papeles ha dos meses uno que fue director general en Hunosa,  y hay un plan de 1969 que nunca se hizo público, donde una vez creado Hunosa, qué hacemos con Hunosa, informe reservado, a dos, diez y quince años; y era una Hunosa de veintisiete mil paisanos,  pozu por pozu, cuantificao.  Ojo, en el añu ’77 vien aquí Kindelán a dar una charla del PSOE, en el hotel España, que yo era candidatu a les elecciones generales, y suelta que Hunosa ye más rentable cerrao. Hunosa ganaba más cerrando y pagando a la gente con les pérdides, joder. Y eso publicó-lo Miguel Angel Lombardía, el pintor, que sacó una revista, y sólo sacó el primer número…

Volvemos a lo mismo, no nos rompamos la cabeza, aquí hay una venganza, ye el próximu libru que voy a sacar. Hay una venganza de les élites contra el pueblu asturianu por lo del ‘34 y lo del ’36. Aquí el problema del cierre de la minería no ye un problema de costes ni de contaminación: ye un problema de lucha de clases entre la burguesía y la clase trabajadora. Con una cuestión añadida, mira en manos de quién están los ayuntamientos asturianos: PSOE y PCE, en manos de la izquierda. La derecha no rasca bola; ellos no ‘garren ni un ayuntamiento, joder, no te rompas la cabeza. Y ye muy sencillo, el carbón y el acero interesaben en su momento, mira como los coches, en la autarquía andaben con gasógeno; les cocines iben con carbón. Y el carbón de aquí contamina, pero el de Suráfrica y el de Colombia paez que no, que en esti momento el mayor pozu mineru ye el Musel, que hay ahí catorce millones de  tonelaes acumulao. Nunca se consumió tanto carbón como ahora en el mundo; y paez que el únicu que contamina ye el carbón asturiano. 

Que dónde estamos hoy, sigue la venganza, Alcoa, Vesuvius, a ver que queda de Arcelor, les térmiques… Y les prejubilaciones son divide y vencerás, hay que desmovilizar a la gente. ¿Y cómo lo haces? Pagando-yos por quedase en casa. Y estamos echando a la juventud de Asturias, cuántos marcharon, el otru día yo leí treinta mil… Y el chigre ye una escuela cojonuda. Con el conveniu había una lucha interna; pero la lucha hoy ye otra, no queda dónde luchar. Mira Vesuvius, que ahora están en Londres felicitándose porque los echaron en un més. ¡En un mes! Eso fue arrancada de caballo y parada de burro, y eso que los trabajadores teníen a too el pueblu detrás. Y nunca dieron opción, el capital no da opción. Un día estaba yo en la antigua Ensidesa, en Arcelor, ya tuvo doscientos nombres; y había allí unos trabajadores, y digo-yos, oye, ¿qué ‘tais haciendo ahora? Ná, ‘tamos enseñando too el sistema informáticu a unos polacos, porque esto va too pa Varsovia, porque la empresa, con un sueldu nuestru paga tres allí; y Alcoa está cascao, digotelo yo. Y fui pa allá, no vos romper la cabeza. Aquí hay un problema con la electrolisis, y estes empreses gasten mucho. Y pa donde van, pa Arabia Saudí, que tienen el petroleo gratis; y al lao tienen el segundu mayor yacimientu de bauxita del mundo.  A partir de aquí, ye too engañase.  

El gobierno tien que mojase; oye, tu cogiste cuatro millones de subvención. Y eso tien que estar firmao y rubricao, ye como los contratos de los futbolistas. Y en cuatro años tu no pués escapar de aquí, y si marches tienes que devolveme les perres. ¿Y de quién son les inversiones que hay aquí? Alemanes y franceses. Mira los trenes de alta velocidad, eses infraestructures son pa sacar ellos los productos. Y lo que dejen aquí ye sol, turismo y playa. No hay más, porque se cargaron el sector primario, se cargaron la pesca, se cargaron la ganadería, se cargaron la ganadería; éramos el tercer productor de barcos, y se cargaron el sector naval.  Y aquí queda un país de camareros, no nos rompamos la cabeza. ¿Y cómo que no hay esperanza?  Yo creo todavía en el carbón, si no se quier andar con una vela el día de mañana. Y cualquier día el pantano de Rioseco van ponete el muro en la plaza La Salve, vamos quedar empantanaos… y estando como está Oriente Medio, el petróleo y el gas, Ucrania… Si mañana hay un conflicto, ¿con qué ‘tizamos? Habrá que quedase con algo, recursos propios. Esto que están haciendo ahora, transición ecológica y nosequemas… ‘Tan mareando la perdiz. Pero les coses hay que entendeles. Lo primero, esta tía que diz que hay que cerrar centrales térmiques. Cagonros, menos mal que hay abejes pa andar ‘tizando con una vela.  ¿Y quien ye esta tía? Esta pertenez al think-tank  de les multinacionales energétiques, IDDRI, que tien la sede en París, lo que llamo yo el electrofascismo, un laboratorio de idees, ella trabaja pa ellos. Y los mismos dueños del carbón son los dueños de la nuclear, y son los dueños del petróleo en Alaska, y son ellos los que dicen, bueno, ahora vamos a sacalo de aquí, ahora aquí esto, ahora lo otro… 

Pero no nos vamos a meter debajo de una berza. Lo primero ye tener les idees clares, y planta-yos cara, organizase, ser más inteligentes, y además somos más. Mira les pensiones, somos nueve millones y mediu de pensiones. Y yo digo-yos a la gente, vamos a Madrid, vamos donde queráis. Pero el día 10 hay elecciones. Mira, ya tenemos el partido organizau. ¡Mayoría absoluta! ¡Les pensiones blindaes! Pues aquí lo mismo… Antes no había nada, y la gente logró-lo todo. Y el otru día vinieron de un partido, oye, ponte de número uno; y dije-yos, no, yo ya pasé a la historia… Sois vosotros los que tenéis que arregla-vos, porque no tenéis nada…         


lunes, 28 de octubre de 2019

CACHINOS DE MINA: LA CAMOCHA



Ta tapeciendo en el poblao de Vega la Camocha. Octubre, a media tarde el sol no sabe si va si vien o si se queda, y les nubes jueguen a igual despiste. El pueblu ‘tá semivacíu, los vecinos aprovechen el cordón umbilical de la línea de autobús pa subir y bajar a Gijón. Un mozu como un castillo de grande advierte al forasteru, busques algo, too pa abajo. Los bares vacíense después de la hora de la partida dando una tregua al chigreru o a les neñes del bar hasta la hora la cena. Tomo un café pa romper el hielo, pero los primeros contactos recelen de la grabadora, quién será esti, no vaya a ser qué… Hasta que se me enciende la bombilla y doy de morros contra el Centro Social, ye como el mineru de les películes del Oeste que da con la veta de oro. Efectivamente, la cafetería ye un filón; primero, Santi, el presidente de la asociación “El Costeru”,  un chaval con ganes a sus sesenta y tres años; y él mismu me presenta a Ferino del Prado y Ferino Díaz , dos legionarios mineros de los de mina de alpargata y silicosis con más horas de mina entre los dos que el castillete. Al principiu también se muestren reacios, desconfíen, aunque se peleen por pagar la ronda, será por perres; pero luego los recuerdos empiecen a brotar y ya cogen carrerilla, atropellense, a veces cambien de tema rápidamente, a veces muerden güesu y no lu suelten, intenten recordar feches, nombres, repiten varias veces la misma idea. Empiecen a hablar en castellano pa demostrar ciertu tono de expertos; luego caen les barreres y utilicen el asturiano, o ambos registros. Tengo que despedime dos veces, porque no me dejen marchar, va a matame la muyer, será que lo mereces. La grabadora del móvil gime, retuércese,  pide la hora…


Y cuando doy dos vueltes a la misma calle porque me perdí, aparez el mismu mocetón de tres hores antes, qué ye, que no encuentres el coche, aparcaste en tal sitiu y tal sitiu, gira por aquí y too a la izquierda… Y efectivamente, allí ‘ta el coche.  

 - Ferino del Prado "el de la Santina" y Ferino Díaz


FERINO DEL PRADO.- Yo tengo ochenta y cinco años… A los ocho años yo fui a servir un amu… yo soy de la parte de Turón… y marché pa la zona de Cabranes.


FERINO DÍAZ.- Yo soy de la parte de Navia, del conceju de Villayón, y pasome lo mismo que Ferino, de nueve ya taba currando, pero ¿porqué? Porque en casa no había que comer. Pagar no me pagaban… y ahora tengo ochenta y cuatro. Cuando entré yo en la mina eren siete hores, pero  igual quedabes hasta les dos de la mañana trabajando, yo quedábame con el caballista de guaje. Y trabayabes seis días a la semana… 


DEL PRADO.- Sin cascu no entrabes, pero antiguamente había gente que trabajaba con boina y con alpargates. De eso acuérdome yo. Llegó a haber cinco [hermanos] de familia en la mina a la vez: Mi padre, Enrique, Gerardo, Pepe y Ramón y yo. Y entrábamos con alpargates, y la ropa de casa, lo que sobraba. 


DIAZ.- Yo, tres hermanos y dos cuñaos. Trabajábase los sábados, mañana y tarde. 


DEL PRADO.- Y de vacaciones, empezaronse, no me quisiera engañar, ¿eh?, tres días, luego una semana… Y después llegaron hasta quince.


DIAZ.- Yo empecé en el pozu Olloniego, en el ’56. Cuando entré yo, eren diez días… Según cayera el mes, había que trabayar el mes enteru. 


DEL PRADO.- Y cuando se mataba un mineru, el día que se dejó de trabajar, voy dicitelo yo, el día que se enterró  Vitor, esi de Llantones… Por la tarde marchamos al entierru y el relevu ya no entró.

DIAZ.- Y ya cuando se mataba uno ya no se trabayaba. La güelga gorda fue en el ‘64. Los socialistas de aquella no se veíen por ningún lao, no aparecíen… 


DEL PRADO.- A mi pagábenme el destajo a siete noventa diaries en el añu ’50, veinticinco días, de guaje; yo a picar fui a los dieciocho años, cambié con un hermanu, y a los diecinueve ya tenía la categoría de picaor de primera. Yo les primeres vacaciones que disfruté fue hacia el añu sesenta; pero les vacaciones trabajábales en casa


DIAZ.- Yo ‘taba en décima y ganábamos siete u ocho mil pesetes, en el ‘65. Y menos, yo cobré cinco mil pesetes muches veces. Trabajando como cabrones, ¿eh? Picando ‘tuve cinco años. Y resulta que vien la huelga, y mándenme pa’l Norte, yo toy a gusto donde estoy, no quería cambiar… Y fui, sabes con quien fui, con el Pintu; y estuve tres meses con él y pasé a ganar quince  mil pesetes. El doble.


DEL PRADO. – La güelga, toes les güelgues eren por lo que se ganaba, ganábase poco. Una vez entré por la mañana; cuando salí dijeronme que tenía que volver a entrar; y por la noche, que estaba conmigo de posteador Conrado, un bocadillo y pa dentro, y Conrado estaba de aquella liau con Estrellona. Que llegó el camión, y dijeronme, tienes que entrar, que Conrado hoy no pué venir. Y hice tres relevos, veinticuatro hores, si, si… Y entré sin comer, y sin nada.  Y si te pagaran bien… una mierda… Santi entró conmigo en el ’74, que yo estaba de picaor y el vigilante era Amador, muy buen paisano, dábanos carta blanca… El Berrón llamábase en les galeríes donde se cruzaben los cambios de los vagones y eso, donde íbes pa una jaula o pa otra. Había un cruce pa los cuatro puntos cardinales, pa’l norte, p’al sur… Y a cincuenta metros del pozu estaba el cuartel de la Guardia Civil, apegao al Vaticano, que lo llamábamos el Vaticano porque eren los chalés de los ingenieros.  Pa librar de la mili teníes que firmar tres años; si marchabes antes, teníes que ir pa la mili.


DIAZ.- Y yo porque no pude, yo el el añu ’55 estaba en el pozu San José, en Olloniego, y yo ya había mandao los papeles, y ya era tarde, que no valía… pero pa trabayar en la mina me sobró tiempo, que yo trabayé treinta años.


DEL PRADO.- Yo entré el 4 de noviembre del 50 y quedé retirau en el 67 con cincuenta y cinco años; y estuve nueve o diez años retirau y estuve trabajando pa Lagisa; pero luego fui a un reconocimiento y dábenme dos opciones, o iba pa la mina o me retiraba ya con lo que me quedara.


DIAZ.- Cuando quedábamos en güelga, dos meses, tres meses, había que ir al ganao, y a Gijón, a trabayar en lo que te saliera… Si queríes comer… yo estuve en Caldones en una casería…


DEL PRADO.- Yo hice mas zanja… Y cuando había güelga era apuntalo en la tienda y pagabes al mes, pero hubo tiendes que se aprovecharon muchísimo de les situaciones, y tu dibes pa allá, debo ochenta euros, y no, debes ciento y algo, que había tiendes que teníen dos libretes.    


DIAZ.- Acuérdome de esti Perola, que ya murió, en paz descanse, y debía-y a Lorenzo tres meses; y dijo-y uno, no y pagues una peseta, ya tien cobrao bastante; y no y pagó. Que habíalos que cobraben dos veces. Nosotros apuntábamos en casa Ignacio…


DEL PRADO.- Yo al día siguiente de quedar en güelga ya diba a trabayar con un contratista del ayuntamiento, a hacer muros, a hacer zanja… Yo de la libreta casi no hicimos uso. Y luego estaba el Socorro Rojo, y habíalos que y daben quinientes, mil pesetes, y iben a llevalo al cuartel de la Guardia Civil, por si acasu y les había metío la misma Guardia Civil pa enganchalu.


DIAZ.-  Yo sé de uno que tenía cuatrocientes mil pesetes de aquella, conoceislu todos…


DEL PRADO.- Oye, delante del roble que había delante del bar hubo una cesta dos días, sin tocala nadie,  y allí había un millón y pico de pesetes. Y hubo una familia que veníen de Turón porque tenía tercer grado, que veníen con dos chavales y la mujer embarazada, y en Turón fue a reconocimiento y no entraba porque tenía segundor grado [de silicosis], y había otru con primer grado; y dio-y al médicu quinientes pesetes pa que cambiara la radiografía y poder entrar.


DIAZ.- Había dos cines, uno en Vega, ahí pa abajo, ahora ye restaurante, que ahora no hay nada; de aquella tenía una pista de baile, y bolera; bares ahora me parez que hay doce.  Tú date cuenta de que llegamos a ser mil setecientos paisanos, y salíen mil seiscientos, mil setecientos vagones de carbón toos los días; carbón a punta pala. Y carbón sigue habiendo, y hay una capas cojonudas. Y el carbón salía pa el Musel por donde ahora ye la senda pa caminar. Yo tuve fíos en la mina, y esti también, que luego pa entrar los guajes… Antes veníes a pedir trabajo y era más fácil, mañana venga a reconocimiento; pero después… el mi fiu estaba en una contrata y costó que entrara.


DEL PRADO.- Cuando empezaron los sindicatos ya era otra cosa…  


DIAZ.- ¿Sabes qué me decíen a mi? Ibes pa la empresa y decíente que hablaras con el sindicato; ibes pa’l sindicato, y decíente que pa la empresa. ¡Ir a tomar po’l culo!


DEL PRADO.- Esto era de los Felgueroso. Esto empezó el quince… no me acuerdo de qué añu fue… cuando Caldones ardió y no eren a apágalo, y luego pusieron-y una cosa de hierro con unos tornillos; y eso estuvo veinte años parao. Los Felgueroso eren tres hermanos, y después vendieron-y-lo a los belgas, los que teníen Solbay en Lieres. Yo el primer ingeniero que conocí fue don Jesús Rivas Batalla; y luego vino “el Bolo”, y luego  Tejuca…


DIAZ.- Oye, voy contate una cosa. “El Bolo” que decíes tu, yo tenía un primu que había entrao dos veces, y quería entrar la tercera, y había una carta así del ingenieru, de Tejuca, pa que no entrara,  y estaba Pepito,  que era muy manipulador, y fue Gelín el de tuberos, con Manolín el mi hermanu, a ver si entraba esti chaval porque él era buen picaor, trabajaba muy bien, y  fueron a ver al ingenieru, a esti Pepito; y Gelín tenía unos cojones como un burro… Oye, ‘garra la carta y partiola en cuatro cachos y echola a la papelera. Y dijo Gelín, por el ingeniero no te preocupes, que esi no sabe quién tá dentro y quién ta fuera.


DEL PRADO.- Aquí los que dieron palos eren los mismos compañeros, la mitad de aquellos no sabíen porqué estábamos en güelga. Hubo un casu de un señor que era cuadreru, estaba con les mules en la cuadra, y claro, el ganao no tien culpa, y fue a cebar el ganao.  Pero en eso llegaron cinco paisanos, conocíos de aquí delpueblu, y dieron-y una paliza de la ostia pa arriba; y el compañeru, cuando fue a dar el relevu, algo notó, no vio al compañeru pero vio un rastro que lu habíen dejao junto a los contenedores del Vaticano.   Tu entrabes en la casa aseo, y estaba vacío, y había uno sentáu, hoy no se entra… cogíes la ropa y pa casa, tres meses en güelga…


DIAZ.- Tres meses… y picu. Güelgas hubo como tantos tengo yo de pelo; hubo un año que no trabajamos más que un mes enteru; el restu, cada quince días parábamos. Estás tan cabreau… A mi Recaredo amenazome ahí delante del quiosco, usted mañana a trabajar, usted porqué no trabaja, y mañana a trabajar y si no pa la mili… Íbamos pa la Sindical en Gijón y salíamos a cortar en Álvarez Garaya hasta que venía la policía. Y por esa caleya arriba a les dos de la mañana encontrabes a la pareja, y porqué no saluda usted; hay que saludar, ¿eh? Y si saludabes, usté a mi de qué me conoz…


DEL PRADO.- Y cuando vinieron aquí la Policía en los autocares, los que veníen de Madrid, al principiu pensaben que veníen a matar indios, pensaben que veníen pa la guerra; pero ya empezamos a alternar, y hablábamos, y ellos ya veíen que no era así; Y vino la  Policía Armada, vinieron un autocar o dos en el ’62, o en el ’63, que fue muy gorda, y posaronse ahí… Y nosotros ya no teníamos miedo de nada, estaba la cosa tan jodida, y matar no nos iben a matar… Que la Guardia Civil avisábanos... entonces, en una ocasión, el mi hermanu Gerardo, Valentín el barberu, Vallejo y otru echaben la partida toos los días, y un día faltaba-yos uno pa echar la partida; y dijo un policía, qué ye, ¿falta-vos uno? Venga, juego yo, y pusose allí con ellos. Y en estes entró un capitán, un coronel, yo que sé, entró y pusose detrás del mi hermanu; y el mi hermanu, el cabrón, canta-y les cuarenta con la sota y el caballo, y el policía no se dio cuenta; y la autoridad aquella tocó un poco así al mi hermanu en el hombro, pero no dijo nada; y cuando terminó la partida, dijo-y-lo al policía… 


SANTI.- Cuando yo entrenaba había muchos guajes, yo entrenaba los juveniles, que la mayoría de los chavales ya están fuera trabajando, pero el equipo ‘tovía se mantien. Colegio había dos escueles aquí mismo, pero la mayor estaba un poco más abajo, en Vega… En la mi época, yo tengo sesenta y tres años, había una pa hombres y otra pa mujeres, pero en el ’78 ya se hizo mixto, el Jacinto Benavente… Claro, no ye como cuando había escuela en Caldones, en Lavandera, en Granda… Ahora va todo ahí. Hombre, el pueblu está envejeciendo, el mi fiu ahora está de funcionariu en Gijón. Pero ahora mira, tenemos biblioteca, esti centro, asociación de vecinos… Y esto hízose con fondos mineros, y hay que sacar a la gente de casa, que los inviernos eren muy duros… Queden muches viudes que no salíen de casa, y ahora echen una partidina al parchís, que no te caiga la casa encima…


Y ahora tenemos yoga, taller de madera, ahí está Justo, ojo, dos turnos (Y Justo nos enseña el arca que talló a mano pa Aynara, la nietina, que y cae la baba… los relojes, el escudu del Sporting…), dieciocho persones, martes y jueves… Ahora toca el amagüestu, hay que picar les castañes…  Excursiones, y dentro de poco una comida de homenaje a los mayores. Tu date cuenta que con el transporte tenemos autobús a Gijón cada veinte minutos, casi somos un barrio de Gijón... 









  


domingo, 27 de octubre de 2019

CACHINOS DE MINA: MATALLANA



(“El mismo tren que nos vino a traer el progreso se llevó la gente”

(Esta crónica está dedicada a mi compañera Elena Flórez que fue la que cabruñó too el asuntu y ye la fan number one de esti blog) 


A  veces si dejabas la bota te la bebían, “desaparecía”, ibas allí y no había nada, era una broma y ya está. Pero aquí en san José siempre estuvimos muy unidos, y fíjate que a veces si entrabas de tarde y era día de paga y te daban el sobre, ibas pa la casa de aseos, te cambiabas y dejabas el dinero en la percha, y cuando volvías allí estaba, la paga era sagrada, ni se tocaba. Tu date cuenta que no había furgones de seguridad, hasta finales de los ’70 subía un taxi desde León con la paga de los mineros ya cada uno en su sobre. Y venía una pareja de la Guardia Civil, se llevaba a la oficina de la empresa ahí en San Lorenzo, y desde ahí se distribuía a los grupos de Matallana, San José, Tabliza, Fábrica… Y jamás faltó una peseta.  


(Izq) Gabriel Lucas, José Luis Tocino, Efrén Aldeano, Fernando Lucas (primo).  


GABRIEL.- Aquí hay una cosa alegal… este pueblo legalmente es Robles de la Valcueva. Se llama Estación de Matallana a partir del ferrocarril. Todo se centralizaba aquí detrás mismo, ahí se lavaba el carbón, llegaban los vagones, el trenecillo… 


EFRÉN.- Los tres trabajamos pa la Hullera Vasco Leonesa, pero luego la empresa tenía pozos en Sabero, en Barrruelo de Santullán, pero aquí en la zona estaba San José, había unos chamizos, el Picalín, Bardaya, y Competidora, que era un grupo que estaba aquí al lado. Aquí trabajábamos en Tabliza y San José. Y estuvimos desde el ’75 hasta que en el ’85 cerró todo aquí y nos mandaron a Santa Lucía. Matallana está ahí, a un kilómetro si viniste por Vegacervera; realmente esto es la Estación, porque todas las maquinillas  venían a parar aquí, y luego iban al ferrocarril de la FEVE que se lo llevaba todo pa el puerto de Bilbao o pa la central de la Robla. 


FERNANDO.- Yo tengo una casa ahí de la Vasco Hullera. Ahí se llenaba un autobús entero de chavales, entero; cuarenta y seis viviendas más luego los chales, otros ocho o diez, todo ocupao, y lista de espera pa que te dieran una vivienda. Paraba el autobús en el barrio de San Lorenzo, que tenían que ir en el autobús de pie… y hoy no llega a cincuenta chavales en el colegio en Matallana. Había guardería y todo… 


GABRIEL.- Talleres de bicicletas llegó a haber cinco, cinco talleres vendiendo bicicletas a los mineros, de aquellas de frenos de hierro, mi padre empezó vendiendo en los años cincuenta, barra, portabultos resistentes pa cargar astillas, sillín de cuero, lámpara, todavía yo las conocí con lámparas de carburo. Pesaban dieciocho, veinte, veintitantos kilos… Tengo alguna por ahí, la de mi padre. El paisano se guardaba cuando llovía  con un saco de arpillera así por el cuello y el pecho. Los de Mina del Oro, de  Amilivia el abuelo, tenían aquí el taller y las oficinas,  y  tenían un sistema, yo lo conocí en los años sesenta, la gente venía hasta aquí y dejaban las bicicletas y subían al pozo en un camión, y el camión bajaba el carbón y por la tarde subía las bicicletas y al salir bajaban ya en ellas. Por la tarde había riadas de bicicletas, las BH y las Orbea… Hoy la que tengo pesa ocho kilos, la de mi primo Fernando pesará unos diez kilos…  Mi padre empezó en la mina pero luego salió y puso el taller y eran cinco talleres, vendiendo y reparando, sobre todo reparando, tuvo unos años muy buenos. Reparando  pinchazos y toda clase de averías, que hoy vas a reparar un pinchazo y te tiran la cámara a la cara. 


FERNANDO.- Nosotros íbamos en la Fusca, unos autobuses que había, el Pegaso aquel grande, los primeros eran americanos.  Pagábamos un tique, o a veces en camión,  que luego bajaban los paisanos y cargaban materiales.


GABRIEL.- Y cuando Santa Bárbara, eran unas fiestas… Una semana antes ya subía uno con la dinamita y empezaba a tirar pa este lao, que mi padre tenía allí la primera casa, y un año le reventaron el techo. Y vino gente de la Hullera, pintores, albañiles, y se lo arreglaron todo. Y años más tarde ya tiraban aquí en este monte de enfrente, y ya tiraban ocho o diez paisanos, doscientos, trescientos kilos, un ruido, que la dinamita era barata… Y empezaban a tirar hasta las doce, que era la misa, y cuando acababa, otra vez… 


FERNANDO.- Los cohetes los tiraba yo, cincuenta docenas de cohetes, a mano con el difunto Ríos, a mano. Si te cuento lo que me pasó un día… Estaban en misa, estaba Ríos al lao, y tenía treinta docenas de cohetes al lao, y Ríos iba dándome, bum, bum, venga… Se marchó uno… cayó la mecha donde los cohetes ahí al lao de casa Julita. Ay la que preparé… Un agujero en el suelo… Ay la leche puta. Y no nos pasó nada, no sé como salimos Ríos y yo de allí.  Menos mal que no estaba el Land Rover al lao, que si no sale el Land Rover de la Vasco volando…  


JOSE LUIS.- Un día nos invitó la empresa el día de Santa Bárbara, y decía el jefe, no mezcléis bebida. Una comida, a base de langostinos… Y ya veníamos bien puestos… Y había dos que se pusieron tan pesaos, me puse en la puerta y dije, déjalos, iban a darse de tortas; y a los diez minutos venían abrazos, cantando… había tal compañerismo…


FERNANDO.- Entramos en el 75 con 18 años, los legales para entrar. Yo trabajaba en una sierra con Florencio, que entré con catorce años, que entrabas y no sabías cuando salías,  que te tenía reventao y te daban cuatro pesetas. A lo último no sé si eran siete u ocho mil pesetas. Cuando entré en la mina era como que me tocó la lotería, que trabajabas tus siete horas, los sábados en casa… Ahora, la huelga gorda fue la del ’91, la de hace siete años ya nos pilló jubilaos. La del ’91 fue muy gorda, cinco meses y pico sin cobrar, y nos quitaron todo, era por el convenio. Que cómo ibas a salir pa adelante, mis suegros me tuvieron que echar una mano, tirando de los padres…


JOSÉ LUIS.- Yo compraba genciana, chanzaina la llamaban en Asturias,  y la gente lo iba a buscar al monte y me lo vendía, yo pagaba diez pesetas más, la gente se buscaba la vida como podía. Cada segundo día, un viaje al secadero. Tasio me vendía mucho…  Y que conste que Vitorino Alonso vendió las escombreras gracias a las huelgas nuestras.                     


FERNANDO.- Había compañeros que se buscaban trabajillos por fuera, compañeros enganchistas que tenía yo iban vendiendo carbón por las casas. Al final no sacamos nada, trece despidos y perdimos todos los derechos que teníamos: Santa Bárbara, que hacíamos unas fiestas de la leche, los reyes de los niños…


EFRÉN.- Ahí puede que hubiera una maniobra ya que a la misma empresa le convenía tenernos un poco acojonaos, porque iban a abrir la nueva mina. Nos metieron miedo, a ver quién se metía en otra huelga, la empresa ganó unos años de tranquilidad.  El objetivo de los mineros era parar la entrada de carbón por la cinta hasta la central de la Robla, pero PEAL, una subcontrata,  era de cielo abierto y suministraba a la térmica hasta que se les paró, se quemaron los cuartos de aseo, la cinta de transporte,  y ya era, o paramos todos o no paramos ninguno, no se dejaban pasar camiones...


JOSE LUIS.-  Y luego fueron cerrando paulatinamente: primero cerró Socavón, luego Ciñera… Y cuando fuimos a Madrid hace siete años yo llevaba unas bombas aquí en el pecho, pero llegando al campo de fútbol, el Bernabeu, ya me dijeron, tíralas todas, que si no… estaba aquello de policía nacional… Y nosotros íbamos a defender a los mineros y no nos valió de nada, a los cuatro meses ya firmaron. Muchos compraron coches, pensaron que tal,  y a los cuatro días, ni trabajos ni coches.


FERNANDO.- Yo tenía el 2.647 en el ’75 de ficha de maquinista y me jubilé de artillero los tres últimos años, que cuando empezaron a prejubilar fueron bajando los números, pero  llegó a haber tres mil obreros en toda la zona, interior, exterior, lavadero… Los últimos chavales marcharon hace dos años, el que pudo;  algunos salieron prejubilados,  pero hubo alguno que le faltaron dos o tres meses… aquí hay un chavalín, el de Goyo, por cinco meses quedó despedido, ahí está el pobre hombre. Un hijo mío marchó antes de tiempo, pidió la cuenta y ahora está en León. Marchamos prejubilaos en 2000 con 25 años de mina, y nada más que marchamos los mayores, empezaron a dar palos otra vez…


JOSE LUIS.-   Yo entré en el  29 de marzo del ’66, que el jefe de grupo era don José; y el 1 de julio, que don José estaba de vacaciones, don Mauricio, que había sido alcalde de Pola de Gordón, me paró y me dijo: “Tú tienes cuerpo pa picar, así que a partir de mañana vienes y pides picas”, yo qué sabía de picar.  Y así empecé a picar y todavía me tocó trabajar los sábados cinco horas. Y yo tenía la vida resuelta, yo tenía tres motocarros en la Coruña y con eso iba tirando, pero como estaba censado en Villamanín tenía que hacer la mili, y por eso entré a la mina, que eran tres meses.


Las prejubilaciones empezaron en el  ‘98 y yo fui de los 35 primeros que prejubilaron, que me había operado del menisco. Y cuando volví, que me quedaban cuatro meses en activo, tres y uno de vacaciones, cojo y me cambio, voy a por la lámpara a la lampistería y me dicen, ya no perteneces a la empresa, y voy a la oficina y me dicen, quién me ha prejubilao, y me dicen, los sindicatos,  y eso que perdí las vacaciones, y di vueltas y vueltas, y no me las pagaron.  Y había vigilantes que no se prejubilaban cuando les tocaba pa que entrara el hijo.  


EFRÉN.- Seguridad, en ese sentido siempre nos dieron buena ropa y siempre lo tuvimos bastante bien, en eso la empresa se ha portao bien.  Botas de seguridad, guantes cuando lo quisieras, los cascos… qué malos eran.  Y había una Brigada de Seguridad muy buena, y pa estar ahí había que valer,  a partir de cierto número de trabajadores había que tener brigada propia; pero pa estar ahí había que tener lo que hay que tener, estar preparao físicamente. Y los asturianos venían a Valencia de don Juan a secar, pero nosotros íbamos a Perlora, a Alicante a unos chalés de la empresa que se sorteaban, y había un viaje a Canarias para el grupo que mejor funcionaba en seguridad, el grupo que tuviera menos accidentes; los chavales iban a un campamento a Llanes. Los asturianos venían aquí, nosotros íbamos a ver la mar.  Y era un lujo… Pero desde la huelga del ’91 se perdió todo.


JOSE LUIS.- Un año  compré una moto, una Montesa 81, pero como había mucho hielo iba la moto pa un lao y yo pa otro, grava, hielo, pegué varios tortazos así que compré un “milquinientos” bifaro de segunda mano, y de aquella había pocos coches… el “seiscientos” de Piedra, y el “cuatro latas”  de don Juan, el director de la empresa,  que como yo estaba de delegao sindical una vez fui a hablar con él y me dice, José Luis, cómo vienes a pedirme perras, que tienes un coche mejor que el mío, y digo, pero yo lo estoy pagando a letras… Que yo tenía un promedio muy bueno, estaba en muy buen sitio y picaba tres y cuatro tajos. Que yo tenía 12.484 pesetas de promedio; y luego venía Cota, 7.159 pesetas.


FERNANDO.- No le quites el mérito a Juan  Pijón, que ese era también de los que más ganaba… Era muy bueno con la pala y barrenando. Ganó mucho dinero, que era un hombre que decían que te cogía el martillo con una mano y con otra. Yo estuve aquí diez años de maquinista, y marché pa Santa Lucía. Y yo hacía mi trabajo, Y cuando me faltaban tres años, que un día me llama el capataz, el Moncho,  y me dice, pasa por la oficina; y yo, qué querrá este hombre… Y me dice, te queda poco pa prejubilarte; te voy a dar una oportunidad pa que el día de mañana cuando te prejubiles te quede lo mismo que me queda a mí, te voy a poner de artillero. Y me pilló un capataz, el Piezas, y me subió el promedio pa que ganara un poco más. Y yo trabajé bien y gané bien, que yo no lo esperaba…


GABRIEL.- Ahora, siempre hubo  que trabajar duro.  Voy a contarte un caso… Mi padre en una ocasión estaba trabajando aquí en Bardaya. Mi padre bajaba caminando seis kilómetros,  otro tanto de vuelta, y un día, después de sus ocho horas, le dijo el vigilante, Lucas,  te tienes que quedar otras cuatro horas,  y claro, mi padre no había comido, mire, que estoy sin comer que no me tengo en pié, y no se quedó, bueno, bueno, allá tu. Y al día siguiente subió a trabajar, y al ir a pedir lámpara le dijeron, pa ti hoy no hay lámpara,  y lo mandaron pa casa. Y al día siguiente igual, y el castigo no era sólo perder un día de jornal, era que además tenías que hacer el trayecto en balde. Que mi madre hacía garbanzos un día sí y otro también, y  metía un chorizo para el hombre de la casa, el que trabajaba.


FERNANDO.- Y unas nevadas, mira aquí, y frío pa ir a trabajar, cinco y seis y diez bajo cero; y cuando nevaba el viernes de noche y estabas trabajando, la Fusca no te subía a buscar y bajabas andando con too la nevada pa abajo, te buscabas la vida.  Mi abuelo venía desde Palacio de Torío, a unos quince kilómetros o por ahí, venía andando con compañeros, y cuando venía solo, no se me olvida,  le salían los lobos, que le daba miedo, y les daba con la cachaba, con el candil, que venía con un candil de aceite… Y otros quince de vuelta. Y se pasaba mucha hambre, nosotros ya no pasamos hambre, pero el abuelo se acordaba de los chavales y a veces  iba con medio  bocadillo de vuelta pa casa.


JOSE LUIS.- Yo con los lobos… Yo tenía un todo terreno que lo manejaba la mujer de maravilla, y un día que no arranca… Teníamos diecinueve bajo cero… Y los que estaban conmigo, qué, toos allí esperando pa subir conmigo, y dale, dale, y que no arrancaba… andando hasta Ciñera. Allí tomamos unos vinos,  y yo pa los Barrios de Gordón,  y tenía que ir de espalda, de culo, porque el aire no me dejaba caminar… Y yo caminaba, pas, pas,pas… y paraban… Y pas, pas… Que me paraba yo y se paraban… y tenías mechero, linterna, pero como si nada… Y llegué a casa a las cuatro de la mañana.


GABRIEL.-  Ahora menos mal que nos arreglaron la carretera… Yo cada vez que voy a Asturias vengo envenenao, qué carreteras… Y aquí, que tenemos Valporquero… Que menos mal que nos arreglaron la carretera hasta aquí, pero de aquí pa arriba… Hace ocho o diez años vino un autobús de medios de comunicación de Cataluña, prensa, radio… Yo conozco a la gente que trabaja en Valporquero, a los guías, Y así hablando decían, vinieron estos catalanes, entraron, y el comentario unánime que había entre ellos era, esto en Cataluña sería una mina de oro… pero así… que da beneficios, claro que los da, pero podía dar quintuplicaos. Vale que cierra unos meses por mal tiempo, pero hasta 2001 de León aquí era un camino de cabras, ¡Un camino de cabras!  Y que nos tenían olvidaos, tenían aquí tres mil familias y de aquella tardábamos a León cuarenta minutos en treinta kilómetros jugándote la vida, era un bote continuo, tacatataca…  No quedaba nada, amortiguadores,  neumáticos…  Y era abandono, no se acordaban de nosotros. Déjalos, que no protestan mucho, de vez en cuando una carta al periódico…


FERNANDO.- Nosotros aquí en san José éramos como hermanos. Si se te olvidaba el bocadillo se compartía, no se quedaba sin comer nadie.  Sin embargo, cuando fuimos a Santa Lucía nos decían, mira qué botonas llevan… Pero cuando nos vieron empezar a trabajar, vieron que éramos unos trabajadores de la madre que lo parió. Y la bota eran tres cuartillos de vino. Y un día decía Casinas, uno de Robles, si san Antonio me diera un litrín de vino le daba cincuenta pesetas… Y tenía Chencho la bota, y la de Carlos Ponche… y les ventilamos la bota… mecagon diez lo que preparamos…